Los
viajes en el tiempo son, con mayor o menor fortuna, uno de los temas más
recurrentes en la ciencia ficción, al permitir vivir aventuras en distintos períodos,
con saltos al pasado o futuro. No es de extrañar, por tanto, que algunos de los
títulos originales de Elige tu propia aventura tuvieran esta premisa, destacando
el célebre La cueva del tiempo, con el que se iniciaría la colección en España.
Y de alguna forma, Perdidos en el tiempo retoma este espíritu, en un momento
muy distinto pero con una premisa similar.
El
punto de partida de la historia será una excursión al museo en la que el
protagonista (o sea, nosotros) se apartará del grupo principal para descubrir
una sala secreta en la que se encuentran tres collares, cada uno con tres
objetos a modo de colgantes, a causa (o por culpa) de una compañera de clase
llamada Alicia. A partir de ahí, emprenderemos un viaje a través de varias
épocas del tiempo, con el objetivo de encontrar a Alicia, perdida igualmente, y
regresar con ella a la actualidad.
Los
períodos a visitar están representados por los distintos colgantes que contiene
cada collar: así, si tocamos el doblón acabaremos navegando junto a Francis
Drake, la pluma nos llevará a conocer a D’Artagnan, la placa de sheriff nos
transportará a O.K. Corral junto a Doc Holliday y los hermanos Earp… en
definitiva, el volumen ofrece una triple aventura, cada una con tres propuestas
de viaje distintas, y tendremos que recorrer dos o todos los periodos de cada
collar a fin de encontrar a Alicia y volver. Las conclusiones, por tanto,
resultan todas negativas a excepción de tres, correspondientes a los tres
collares con sus colgantes, y de llegar hasta ellas nos encontraremos
nuevamente en el museo, con una lección de historia aprendida.
El
resultado final queda muy lejos de aquel primer volumen de Elige tu propia
aventura en nuestro país, pero a pesar de todo, esta aventura temporal no fracasa
en ofrecer aquello que promete: peripecias en el tiempo, viajes y encuentros con
personajes históricos. Y un poco de conocimiento, que tampoco viene mal.






